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cap2 club Inmortal

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Capítulo 2:

"Aniki, ese mocoso no parece ser nada especial"
"De hecho vencerlo y molerlo a golpes fue bastante fácil."
"Si hubiera sido un inmortal oculto como el señor, ya deberíamos estar todos muertos."
"... Aniki, ¿estás seguro de que mataste bien a este crío?"
"Pues… pensé que si, le rompí el cuello." el musculoso se rascó su cabeza calva, confundido. "Aunque viéndolo allí vivo y con el cuello en su lugar, ahora comienzo a dudar si realmente lo maté. Quizás me estoy volviendo viejo" 
"¡Jajajaja! Aniki, no te preocupes por la vejez, recuerda que seremos inmortales cuando el señor logre curarse de esa maldición."
"¿Qué harán muchachos cuando puedan vivir para siempre?"
"¡Obvio, beberé hasta saciarme día y noche!"
"Eso es un desperdicio, típico de un borracho infeliz. ¡Yo me follare a cada mujer casadas que encuentre en las aldeas! ¡Siendo un inmortal, nadie me podrá detener! Ni esos líderes de aldea, ni alcaldes ni nada. ¡Vamos a ser invencibles!"
"¡Jajajajajajajaj!"
Risas y choques de tarros de cerveza sonaron bajo la fogata.
Dorian solo podía mirar la escena desde el suelo mugriento.
Le habían dado una paliza, su ojo ahora estaba hinchado y su cuerpo atado por una soga de cáñamo apretada que le cortaba la circulación. Visto desde lejos, su cuerpo temblaba como una lombriz en el barro. 
Aunque no era el único en una situación desesperante.
No muy lejos un pequeño grupo de ancianos y jóvenes adultos también estaban en una situación similar. Amarrados de pies a cabeza, temblando bajo la fría brisa de la noche con expresiones difíciles de leer; algunos llorando o aterrados, otros simplemente vacíos mirando a las estrellas como si hubiesen aceptado el destino trágico que les esperaba a todos.
Dorian nunca fue el más listo de su clase, pero tampoco el más estúpido.
Tenía suficiente experiencia cultural como para entender que ahora mismo se enfrentaba a … ¡Secuestradores!
¡Secuestradores de personas a toda letra!
Y esa otra gente en su misma situación probablemente era la gente del pueblo.
Estos tipos habían quemado la aldea.
Eran terroristas.
Gente peligrosa.
Dorian apretó los dientes mientras buscaba desesperado una forma de escapar.
Intentó moverse, pero solo se encontró con una bota voladora.
*Patada*
¡Agh!
Gimió Dorian mientras el pie de uno de los calvos secuestradores se hundió en su estómago.
Todo su cuerpo tembló mientras sus músculos se contrajeron de dolor.
"¡Aniki, este mocoso parece querer escapar! ¡Se mueve demasiado!"
El gigante se levantó, hizo tronar su cuello y respondió: "No importa, metelo a la carroza junto al resto. Se hace tarde. Vamos a empezar a movernos, el señor espera."
"¡Si!"
"¡Recojan todo, no se olviden nada o les moldearé el culo con mi zapato!"
Un secuestrador se agachó y levantó a Dorian al hombro como si fuese un saco de papas.
Dorian se movió, forcejeando, pero realmente no podía hacer nada.
"¡Llora cuanto quieras mocoso, la última vez tuviste suerte de sobrevivir, pero esta vez no habrá segunda oportunidad! ¡El señor estará encantado contigo! ¡Tienes una piel tierna y blandita, eres justo de su tipo! ¡Jajajajaj!" 
El secuestrador se detuvo frente a la parte trasera de un carruaje y con una sonrisa de diversión, aventó sin cuidado alguno el cuerpo de Dorian al compartimento. El carruaje se sacudió, y Dorian jadeó de dolor. Su rostro chocó de lleno con la madera vieja pero resistente. 
"¿Están todos listos? ¡Nos vamos!"
** 
El carruaje arrancó con un tirón brusco.
El golpe hizo que su mejilla volviera a chocar contra la madera. Dorian soltó aire entre los dientes y la mordaza mientras el suelo bajo su cuerpo comenzaba a vibrar sin descanso.
Cloc. Cloc. Cloc.
Las ruedas giraban sobre el camino de tierra, hundiéndose en baches, sacudiendo el carro y aventándolo de un lado a otro. Alguien a su lado sollozaba en silencio, otros parecían estar orando y otros simplemente parecían muertos en vida. Dorian no estaba solo en el compartimento.
El interior olía a sudor rancio, barro húmedo e incluso a orina y defecación.
Quería vomitar.
Desde fuera llegaban risas:
"¡Muevanse! ¡Antes del amanecer debemos cruzar el bosque negro!"
"¡Jajaja, el señor nos espera! ¡Vamos, dale otro azote a esa burra, que acelere el paso!"
*Azote*
*Relinchido*
El carro aceleró.
Dorian no supo cuánto tiempo había pasado desde que lo subieron a los carros.
Entre dos tablas ligeramente abiertas vio el exterior.
Oscuridad.
Y árboles demasiado juntos.
Mientras la caravana de esclavistas más se adentraba en lo profundo del bosque, la oscuridad más se acrecentaba en el camino. La luna que antes brillaba intensamente, ahora apenas podía filtrarse entre las copas.
Todo rastro de civilización había desaparecido.
Solo quedaba bosque.
Y ese sonido constante.
Cloc. Cloc. Cloc.
**
"Chico… despierta, chico."
Alguien lo estaba sacudiendo.
Dorian sintiéndose agotado física y mentalmente, entreabrió los ojos para encontrarse el rostro arrugado de un anciano que lo miraba con una mezcla de urgencia y miedo.
"¿Quién eres…?"
"¡Shhh!"
El viejo llevó un dedo apresurado a sus labios, haciéndole seña para que no hablara fuerte.
Dorian comenzó a incorporarse a la realidad. Parpadeó un par de veces, mientras la niebla en su cabeza se disipaba. A unos metros, observó que había más personas. 
Rostros sucios, demacrados y tensos.
Eran los pobres aldeanos raptados.
¿Qué sucede? ¿Dónde estamos?
El lugar estaba en completo silencio.
Un silencio tenso y opresivo, roto solo por la suave brisa que se colaba por el lugar y la gargantas nerviosas de algunos pueblerinos al tragar saliva.
Acurrucados y escondidos tras unas rocas, contenían la respiración mientras sus ojos asomaban por las aberturas, observando algo con una mezcla palpable de miedo y nerviosismo.
¿Qué están viendo?
Dorian siguió esas miradas.
Y vio a un monje.
Un monje escuálido, sin cabello y cuya larga barba de candado acentuaba un rostro demacrado y casi chupado. La piel tensa y de un tono pálido enfermizo dejaba ver sus venas abultadas que de alguna forma, generaba un aura inquietante.
Al contrario de ellos, el monje no estaba en el suelo. Se alzaba de piernas cruzadas sobre una estructura de madera de unos 3 metros de altura, compuesto de múltiples troncos y tarimas improvisadas.
Ese sujeto… ¿es el señor? ¿El tipo del que hablaban los secuestradores?
Dorian examinó al monje con detalle. A primera vista no lucía diferente a un hombre de mediana edad enfermo y desnutrido. Pero Dorian sentía que algo estaba mal, tenía un muy mal presentimiento.
Recorrió el lugar con la mirada, notando que su entorno era un gran agujero circular enorme.
Similar a una fosa. 
En los bordes, la tierra se curvaba hacia arriba en una serie de paredes irregulares, como si un gigante hubiese hundido una cuchara enorme y arrancado un gran trozo de tierra, dejando este enorme agujero circular sin llenar. Aunque el fondo del agujero, era relativamente plano. Con algunas rocas enormes, raíces sueltas, escombros, barro espeso y un lodo negruzco.
En el centro del círculo, estaba la estructura improvisada sobre la que el monje parecía meditar.
¿Qué diablos es este lugar?
Alrededor del borde de la fosa o agujero, estaban ellos - los secuestradores - apostados como centinelas. Llevaban antorchas que proyectaban sombras danzantes e irregulares sobre el fondo del agujero, aumentando aún más el mal presentimiento de Dorian.
Parecían estar… esperando algo.
...¿Pero qué?
El aire en el agujero era pesado, cargado con el olor a humedad de la tierra y, sutilmente, Dorian también sentía un ligero olor acre a descomposición que le revolvía el estómago. Observó el suelo, delante tenía un charco. El olor parecía provenir de allí.
Se agachó con cuidado e introdujo su mano, sintiendo ganas de vomitar mientras revolvía con sus manos el lodo asqueroso y maloliente. Sus dedos tocaron algo duro y resbaloso en el fondo. Al sacar el contenido, las pupilas de Dorian se contrajeron de golpe.
Su respiración se detuvo y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Su rostro perdió todo color, palideciendo como si estuviera a punto de desmayarse.
En su mano, tenía un cráneo.
Un cráneo humano, putrefacto, que aún conservaba vestigios de carne adherida a su superficie blanca en avanzado estado de descomposición.
"¡Mierda!"
Dorian dejó caer el cráneo con una maldición.
¡Este lugar es…!
Ahora entendía.
Recordó las charlas de esos secuestradores:
"¡El señor estará contento! ¡Finalmente podrá liberarse de su maldición!"
"¡Jajajaja, seremos inmortales una vez que el señor sea libre!"

¡Fuck, fuck, fuck!! 
"¡Este sitio es un puto lugar de sacrificio humano! ¡Esto es malo!"
Gritó Dorian, alarmado y en pánico.
Las miradas de los demás pueblerinos se fijaron en él.
"¡Estamos en peligro! ¡Necesitamos encontrar una forma de escapar o todos moriremos!"
Todos lo miraron con ojos abiertos.
De repente, uno gritó: "¡Mira, se está moviendo!"
Todos giraron su cuello para mirar a la cima de la estructura.
El monje estaba temblando.
Sus venas parecían palpitar y enrojecerse.
Dorian sintió que su corazón se aceleraba, estaba preparado para intentar subir por la pendiente incluso si tenía que enfrentarse a esos secuestradores que bloqueaban el camino.
De repente, el monje se contrajo.
¡Tos! ¡Tos!
Tosió violentamente, escupiendo sangre que corría por su barbilla y caía en gotas espesas sobre la madera de la plataforma.
El silencio del foso se rompió cuando un joven se adelantó, con el rostro cubierto de lágrimas y mocos.
"¡Por favor! ¡Tengo una familia rica en la ciudad de Port City! ¡Mi nombre es Ming Yan, mi padre puede pagarles, puedo darles dinero, lo que sea que necesiten!" Grito, cayendo arrodillado y suplicando. "¡Solo… solo déjenme ir! ¡No quiero morir!"
El monje abrió los ojos.
Su mirada observó las patéticas súplicas del joven arrodillado, y sonrió. Una sonrisa que podría ser confundida con la sonrisa de un anciano amable y compasivo si no fuese porque detrás de ello, un siniestro desdén se veía en sus ojos.
Algo comenzó a moverse bajo la túnica del monje.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, una cosa salió disparada desde la oscuridad de su ropa. Casi como si fuese una lanza, un tentáculo largo y viscoso salió disparado. El joven Ming Yan apenas alcanzó a abrir la boca cuando su cabeza explotó en un baño de sangre, huesos y masa cerebral.
El cuerpo de Ming Yan cayó al suelo con un ruido sordo.
Como si un punto de quiebre se hubiera roto, el caos se desató.
Gritos agudos llenaron la fosa.
"¡Un cultivador! ¡Es un cultivador demoníaco!"
"¡Corran! ¡Corran si quieren vivir!"
"¡Huyan, todos!"
Como si de un hormiguero pateado se tratase, todos se dispersaron en una oleada de pánico y caos, empujándose, cayendo y arrastrándose hacia las paredes de la fosa. Desesperados por huir del horror, por salvar sus vidas. Dorian no fue la excepción, pero afuera del agujero, una risa cruel los esperaba.
"¡Jajajaja, las ovejas quieren huir!" bramo el calvo musculoso, observando con burla a los desesperados aldeanos escalando la paredes del foso. Su sonrisa era la de un animal disfrutando del espectáculo. "¡Ni lo pienses, basura! ¡Aquí te quedas!"
Un aldeano logró trepar hasta la cima, pero fue derribado con una violenta patada en el rostro por el gigante musculoso. Dorian lo vio caer, rodar por la pendiente y chocar con unas rocas. Si estaba vivo o no, Dorian no podía saberlo. El resto de aldeanos también corrieron la misma suerte. Fueron derribados y regresados al agujero con patadas y puñetazos violentos.
"¡Mierda… mierda! ¡Esto no puede ser real!"
Se agarró del cabello, respirando a tirones y se alejó tambaleándose del monje.
El resto también hizo lo mismo, al no poder salir del agujero, solo podían distanciarse lo más posible del monje y separarse los unos a los otros. Como ratones enjaulados dentro de la jaula con un depredador. Todos eran ovejas para el sacrificio.
Entonces lo vio.
El cuerpo sin cabeza de Ming Yan comenzó a estremecerse.
El tentáculo del monje en algún momento se había incrustado en el torso del cadáver, hundiéndose entre las costillas como una lanza viva. Entonces se contrajo. Un sonido de carne y sangre desprendiendo resonó en el lugar.
El cadáver tembló violentamente, mientras su piel perdía volumen rápidamente, el esqueleto comenzó a marcarse por debajo. Sus músculos se aplastaron y desaparecieron, mientras se veían bultos subir por la superficie del tentáculo, como si algo espeso viajará por dentro.
Dorian sintió que estaba viendo una película de horror.
Ese tipo… se estaba absorbiendo la carne y sangre del cuerpo como si fuera un batido.
En segundos, el cuerpo se marchitó, encogiéndose sobre sí mismo.
Solo quedaron un par de pieles y huesos.
Todo lo demás fue absorbido.
Y el monje… antes de cuerpo desnutrido y piel enfermiza y pálida, ahora lucía más vivo y saludable. Como si hubiera rejuvenecido un par de años extras. Incluso su cabeza calva ahora tenía pequeñas hebras de cabello negro.
"¡Está funcionando!"
"¡El maestro está empujando la maldición! ¡Está venciendo la marca fallida!"
"¡Hemos vencido a la tribulación divina!"
Arriba los secuestradores estaban emocionados.
Dorian no entendía a qué se referían, pero tampoco importaba.
Lo único importante ahora era lograr escapar de este infierno con vida.
El monje echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada rota.
"¡JAJAJA! ¡Maldita marca fallida, todo este tiempo me has amenazado con borrarme! ¡Pero hoy seré yo quien te borre! ¡Hoy, será el día en que logre arrancarte de mi cuerpo!"
Como si respondiera al fervor del monje, el tentáculo volvió a salir disparado.
Atravesó a varios pueblerinos al mismo tiempo, y rápidamente sus cuerpos se convirtieron en huesos y piel.
Dorian corrió desesperado, pero no tenía un lugar a donde escapar.
Estaba moviéndose en una enorme jaula sin poder alejarse del monje.
Solo podía correr en círculos.
El monje comenzó una violenta matanza.
Gritos y llantos llenaron la fosa.
Huesos y pieles caían al barro y al lodo, como desechos de desperdicios.
Finalmente, el tentáculo se agitó en el aire y se lanzó hacia su siguiente presa.
Un grito lastimoso resonó.
El tentáculo se enroscó alrededor del anciano que había despertado a Dorian.
Sus gritos desesperados solo duraron unos segundos.
Dorian vio con horror cómo el cuerpo del anciano se desinfló como un saco vacío, sus ojos agrandados y llorosos lo miraron hasta el último segundo antes de caer sin vida como un cúmulo de huesos y pieles. 
El monje se puso de pie mientras apretó su puño y sintió la energía a su alrededor agitarse y vibrar, pero entonces, una burbuja explotó en su interior, inmediatamente toda esa energía se descontroló, volviéndose inestable. El monje volvió a toser sangre abruptamente.
"¡Tos! ¡Tos! ¡Maldita marca fallida…! ¡Sigues intentando joderme!" maldijo, apretando los dientes con odio. El tentáculo azotó de nuevo, dos jóvenes fueron atrapados y succionados.
"¡Más, me falta solo un poco más de energía y podré costear el precio! ¡Podré librarme de esta maldición!" ladró el monje, y el tentáculo se giró, buscando otra víctima. El foso estaba vacío, pero entonces, se lanzó hacia una roca.
Detrás de ella, quedaba la última señal de vida.
La roca tembló ante el impacto pero no se movió. El tentáculo rodeo la roca y justo en ese momento, Dorian se asomó de un salto y le incrustó una barra de madera en el orificio de succión del tentáculo.
Un chillido de dolor escapó. El tentáculo tembló violentamente mientras la barra de madera permanecía incrustada en su interior. El monje alzó una ceja al verlo.
Sangre negra goteo del tentáculo al suelo, el monje extendió su mano y el tentáculo se contrajo y retorció hasta llegar a las manos del monje. Con un tirón, el monje retiró la barra de madera, observando con interés la sangre que cubría el tablón. El tentáculo temblaba adolorido.
"Interesante, lograste adivinar que el interior de mi tentáculo era más débil que su capa externa, y aprovechaste el momento adecuado para dañarla. Veo que eres listo, mocoso." Se rió el monje, mirando a un Dorian pálido. Su expresión no reflejaba asombro ni amenaza, sino más bien diversión; como si un insecto insignificante que, para su sorpresa, se hubiera desviado momentáneamente de su juego y le hubiera dado una pequeña sorpresa.
"Pero..." agregó el monje. "Eres un mortal. Un insignificante mortal sin cultivo, por lo tanto, no importa lo que hagas ni qué tácticas uses, frente a la inmortalidad, sigues siendo basura desechable. Así que, mocoso… muere en silencio."
El monje apuntó con su dedo a Dorian.
Fue un simple gesto.
Un simple señalamiento con el dedo.
Pero ese simple gesto, provocó que las pupilas de Dorian se contrajeran.
"...¡Imposible!"
Solo alcanzó a decir esa última frase, antes de que el mundo lo presionará hacia abajo.
La presión cayó sobre él como si una montaña lo aplastara.
Sus rodillas chocaron contra el suelo.
El aire se le salió de golpe.
Sentía como los huesos de su cuerpo eran aplastados.
"Pequeño ratón…" la voz del monje vibró en el aire. "Tu vida me servirá para borrar mi maldición."
"Me servirá para alcanzar nuevas alturas en mi camino hacia la inmortalidad."
"Así que sientete afortunado, muchos mortales mueren sin sentido alguno, sin propósito ni razón, sus vidas no valen más que las de simples hormigas. Pero tú… tú servirás a mi liberación."
"Tu existencia, tuvo un propósito."
El monje retrajo su dedo y comenzó a apretar su puño.
La presión aumentó.
Dorian sintió que sus venas iban a explotar.
La vista se le nubló y la vida parecía escapar de su cuerpo.
¿Así moriré? se preguntó.
No ha pasado ni un día desde que desperté en este loco lugar.
Todavía no encontré la forma de volver.
Será que al morir, ¿quizás podría volver?
Si realmente al morir, pudiera volver, entonces… este final, no sería tan malo, ¿verdad?
Dorian fue cerrando sus ojos.
Si había aceptado su destino o no, no lo sabía.
Simplemente pensó en sus padres, en sus amigos, en su hogar.
Solo se sentía… muy cansado.
Desde que llegó, no había tenido tiempo para descansar su mente y cuerpo adecuadamente.
Y ahora, delante de él, todo se estaba oscureciendo.
Él solo quería regresar a casa.

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