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 Capítulo 01 - Capítulo 01

***


"¡Oh, héroes! ¡Por favor, salven nuestro mundo de la extinción!"

Ese ruego, cargado de una desesperación casi pegajosa fue lo primero que Dorian escuchó al ser transportado al otro mundo.

Incluso ahora, siglos después, Dorian seguía recordando aquellas súplicas y ruegos como ecos en su mente.

Era un eco persistente, como el metraje de un filme antiguo que se rebobinaba sin fin en su memoria. Las imágenes podían verse borrosas y carecer de color, pero los detalles —el frío, el olor, la vibración de las voces— seguían grabados con una claridad cortante.

Un segundo antes, estaba hundido en su silla gamer, con los ojos inyectados en sangre tras horas de juego y el resplandor del monitor decorando su figura sombría.

Al momento siguiente, una luminiscencia cegadora lo arrancó de su habitación, y despertó en un gran salón rodeado de enormes murallas y esculturas preciosas y brillantes que le recordaba a antiguas mitologías.

El lugar estaba brillante, una luz casi divina descendía sobre el enorme altar donde despertó, mientras extraños ancianos vestidos de sacerdotes se arrodillaban ante el altar en una constante adoración y rezo.

No estaba solo.

Otros cinco jóvenes compartían su desconcierto, parpadeando desconcertados, algunos con expresiones que pasaban de la confusión al asombro, del asombro al entendimiento, y del entendimiento al horror y miedo.

Aparentemente no era el único que al escanear el entorno había llegado a una una hipotesis de la situación.

Este era el típico cliché del isekai de manual. Adolescentes modernos invocados a otro mundo y convertidos en los salvadores de un mundo en crisis.

Un cliché que Dorian se había hartado de ver.

Pero ahora, al estar viviéndolo en carne propia, tenía que admitir que, la idea le fascinaba. Creció consumiendo historias de héroes invocados desde sus inicios en la cultura geek. Invocaciones, transmigraciones, espadas, héroes y reyes demonios. Estaba enormemente familiarizado con esos términos.

Como todo joven en etapa prematura, anhelaba la aventura, la adrenalina y la fantasía de ser un héroe, tener un enorme harem, derrotar a miles de demonios y salvar el mundo.

Pero la realidad resultó ser un maestro cruel del engaño.

No estaba en un anime. No había "plot armor" ni "dedo dorado" que evitara el dolor de una herida de flecha o el trauma de ver a un compañero de equipo ser partido a la mitad por un demonio de dos metros.

Dorian llegó siendo un adolescente descuidado y desordenado, alguien que lo más cercano a una espada que había empuñado fue el ratón y el teclado de su computadora. Incluso las pocas peleas que había tenido en la vida real, resultaron ser recuerdos vergonzosos de él acurrucado escondiéndose de matones que le persiguen para darle una paliza.

Y aun así, fue invocado, nombrado héroe y arrojado sin piedad alguna a la fragua de la Gran Guerra Santa.

Esos fueron años turbulentos y difíciles.

Cuando la guerra terminó con la victoria de la humanidad y sus aliados, el joven de rostro adolescente y ojos curiosos y vibrantes había desaparecido. En su lugar, lo reemplazó el héroe salvador de la humanidad.

Un archimago de semblante endurecido y marcado, con músculos surcados por incontables cicatrices que iban desde victorias gloriosas hasta pérdidas y traiciones dolorosas.

Sus ojos resplandecían con un brillo celeste que se había convertido en la representación del terror existencial para los demonios y que a su vez, representaban la enorme reserva de maná que contenía su cuerpo.

Su barba, antes inexistente, ahora era una maraña descuidada que ocultaba su rostro agotado. 

Una vez que el Rey Demonio invasor cayó, el mundo celebró la victoria y el nombre de los seis grandes heroes resonó por el mundo entero. Sus historias fueron repetirás y contadas en cada pueblo de cada ciudad de cada continente. 

Pero no transcurrió mucho tiempo para que Dorian se diera cuenta de algo: La paz no tiene lugar para las armas vivientes.

Sintiendo el peso de las miradas nerviosas de los reyes y nobles, Dorian decidió desaparecer. Se exilió a una remota isla en los confines del mar meriterraneo del sur del Continente Humano tanto para descansar como para acatar un encargo. 

Allí permaneció durante quinientos años ininterrumpidos, dedicándose casi por completo al estudio de la magia y al perfeccionamiento de sus habilidades. Lleno innumerables libretas de investigación y desmenuzo la teoría magica del sistema hasta el punto en donde las leyes del mundo comenzaron a torcerse y dejaron de ser misterios para convertirse en ecuaciones y variables.

Tras años de dedicación, finalmente logró lo que ningún otro archimago o sabia había logrado jamás.

Logró alcanzar la inmortalidad.

Toco el reino que solo podía alcanzar aquellos dioses y ángeles arrogantes.

Aunque su inmortalidad –obtenida mediante ciertos trucos tramposos– no llego a él sin costo alguno. Tiene un costo. Un costo llamado:  erosion de la perspectiva temporal.

Cuando el tiempo deja de ser finito, los decenios se perciben como segundos.

La vida se mueve como una pelicula comprimida y acelerada, basta un parpadeo para que siglos enteros queden atras como si nunca hubieran ocurrido.

Es asi como tras cinco siglos desde su exilio, Dorian finalmente dio por concluido el recado que ciertas entidades molestas le habian encargado.

Y con ello, estuvo libre de nuevo.

Libre para hacer lo que quisiera.

Su decision fue cumplir el ultimo deseo inconcluso que cargaba consigo desde que llego a este mundo.

Aquel deseo por el que lloro sangre durante dias y noche, por el cual peleo y sangro. 

Ese anhelo que surgia dentro de él cada vez que mataba a un demonio o recibia heridas que lo dejaban al borde de la muerte.

Dorian solo deseaba volver a casa.

A su mundo real.

Tras años de exilio, Dorian no habia descuidado su investigación sobre la magia que en primer lugar lo trajo a este mundo. La magia dimensional. Una magia antigua y primordial. Luego de una cuidadosa investigacion que le tomo casi la mitad de esos cinco siglos, logro desarrollar su propia habilidad dimensional.

En lo profundo de una vieja cueva subterranea, el maná comenzo a reunirse. Mientras Dorian extendia su mano y activaba innumerables pentagramas y circulos magicos, inhalo profundamente y gritó con todas sus fuerzas:

"¡Vamos, abrete maldito!"

[Grieta Teletransportadora Dimensional]

El brillo ilumino la cueva con un enorme resplandor.

El espacio se distorsiono y una enorme grieta se abrió.

***

Nadie es perfecto.

Incluso Dorian, un archimago con más de quinientos años vivo puede cometer errores de vez en cuando.

Un pequeño error de cálculo, un desliz en la formula magia, un mal alineamiento o una leve disociación invisible en el espacio-tiempo puede conllevar a resultados impredecibles.

Esto no quiere decir que fallo.

Al contrario, tuvo exito, la grieta dimensional lo llevo al lugar correcto, su viejo mundo, pero… en el tiempo equivocado.

Aterrizó dos siglos antes del esperado.

No era el siglo XXI de rascacielos y fibra optica de alta velocidad que recordaba, sino la decada de los años 1820. Una epoca de la historia marcada por la post-guerra napoleonica, los carruajes tirados por caballos y el humo de las primeras chimeneas industriales.

Sin embargo, Dorian no entro en panico. Al contrario, estaba feliz de regresar.

Y el tiempo ahora como un inmortal, era su recurso más abundante.

Esperar dos siglos más no era mucho para él.

Decidio iniciar su segundo gran odisea. Dedicandose en su totalidad a disfrtutar el viaje a traves de la historia de su mundo original. Recorrio el globo con el mismo entusiasmo que un niño recorre un parque de diversiones.

Visito eventos historicos e irrepetibles que solo habia visto en libros de historias. Estuvo presente en Viena durante el estreno de la Novena Sinfonia de Beethoven, aplaudiendo en primera fila a aquel genio sordo que dejaria su huella inmaculable en la historia de la musica. En Paris, participo en uno de los primeros experimentos fotograficos. Se quedo inmovil durante casi media hora, ofreciendo su bota a un lustrador de zapatos mientras el aguerrtipo capturaba su silueta para la posteridad.

Presencio revoluciones y la conformacion de nuevas naciones en el continente Americano, pero poco tiempo despues, el mundo se oscurecio.

La primera Guerra Mundial le devolvio recuerdos amagos de su epoca como heroe. Al ver las trincheras, la sangre, el gas mostaza y la mecanizacion de la muerte. Entendió que la crueldad no era exclusiva de monstruos de otro mundo, sino algo intrinseco a la humanidad. Una mancha que ni la tecnologia ni la magia lograba limpiar.

La calma que siguio al fin de la primera guerra fue solo un suspiro.

En 1939, desde la frontera polaca, presencio el inicio del segundo gran incendio que devoro naciones enteras.

En 1934, Dorian se encontraba flotando a gran altura con su ropa ondeando por el viento. El cielo estaba despejado. Su mirada estaba fija en la superficie observando detalladamente aquel evento que cambiaria el mundo para siempre.

El extraño frio de aquella mañana de alguna forma parecia anticipar el horror que vendria.

Aunque para aquellas pobres almas, nada les podia haber hecho anticipar lo que estaba lleganbdo desde el pacifico. Era casi el mediodia, la poblacion ya habia comenzado su jordana laboral y escolar. Tras haber pasado por una alerta de aire temprano en la mañana que fue cancelada, muchos estaban al descubierto cuando aparecio el avion solitario.

Dorian sintio que se le comprimia la respiracion.

El oceano estaba calmado cuando aquel brillo aparecio desde el horizonte.

Un segundo sol aparecio esa mañana.

Al tercer dia, otro sol más ilumino el oceano pacifico, marcando el fin de una era y el inicio del horror atomico.

Vio la Guerra Fria desde las sombras, observo el nacimiento de la red, de los microprocesadores y de la cultura digital que, poco a poco, empezaba a parecerse al mundo que él recordaba.

Finalmente, el calendario marcó el año 2025.

Dorian estaba recostado sobre un colchon de nubes densas y grisaceas, contaminadas por los vapores de la megaciudad que se extiende bajo sus pies. Tenia un cafe expreso recien comprado en la mano – una de las maravillas de la tierra que realmente habia extrañado– y observaba el caos ordenado de las luces de neon y las autopistas repletas de veiculos que parecian venas de fuego en la noche.

La ciudad respiraba abajo como una bestia inmensa.

Millones de personas moviendose caoticamente de un lado al otro al mismo tiempo, avanzando constantemente por el precipicio de la incertidumbre futura.

El vapor del cafe subia en espirales lentas, pero él no lo bebia. Su mirada no estaba en la ciudad, sino que estaba fija en una sola ventana de un viejo edificio de departamento.

Pintura descascarada, cortinas mal colgadas, una luz azulada que escapaba del interior y allí, encorvado frente al monitor estaba él. Su yo adolescente.

Igual de idiota, desordenado e ingenuo como lo recordaba.

Su primera sensacion de verse a si mismo de joven fue enojo.

¿Acaso sabria ese mocoso los dolores de espalda que generador tantos años encorvados? ¡Enderezate, mocoso!

Tenia el fuerte deseo de bajar y darse una golpiza a si mismo.

El joven Dorian inconciente de que encima de él, un archimago de setecientos años estaba haciendo una rabieta, continuo inclinado hacia adelante, con los auriculares puestos, riendo con los chistes del chat abierto mientras su raton se movia con frenesis, totalmente concentrado en el juego.

Arriba, Dorian consulto la pantalla de su telefono inteligente. Los digitos estaba a unos segundos de fundirse en el vacio de la medianoche. Las 00:00. El momento exacto en que su vida dio un vuelco radical.

Esperó, dando un parsimonioso sorbo a su cafe y, justo cuando el reloj cambio, reiniciando desde cero, un circulo de runas blancas y puras estallo bajo su silla.

"¿¡Woa!? ¿¡Que diablos es esto!?" el grito de su "yo" adolescente rompio el silencio de la habitacion.

Intento retroceder asustado, cubriendose los ojos del brillo que devoraba las sombras del cuarto y amenazaba con dejarlo ciego.

Quiso levantarse, pero el suelo ya no era solido: sus piernas se hundieron en una melaza de luz brillante.

"¡No! ¿¡Que es esto!? ¡Me estoy hundiendo!" gritó de terror. Agarro desesperadamente el borde de su escritorio, tirando una lata de refresco y el teclado en su lucha inutil. "¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude!"

Los gritos de socorro se ahogaron rapidamente.

La luz alcanzo su cenit cuando la mano extendida del joven fue lo ultimo en ser consumido. Un estalliudo final de energia brilló, y luego, el silencio absoluto regreso a la habitacion como si nada hubiera sucedido.

Dorian obserdo desde las nubes como la luz de la invocacion se disolvió en el aire. En la pantalla del monitor, el chat seguia corriendo:

[Gaga_x]: ¿Dorian? ¿Te caiste? Responde, cabrón.

[Slayer99]: Quizas fue al baño a cagar.

[Loli_Girl]: ¡Oh, yeah! ¡Vamos, que la partida ya empieza! ¡Dorian, deja de cagar en el baño y ven a jugar! ¡Recuerden, sigamos el plan de ataque, nos moveremos hacia —

***

Dorian suspiró, terminando el ultimo sorbo de su cafe. 

Se recostó en la nube como si fuera un divan de seda, cruzando los brazos detras de la cabeza mientras contemplaba el parpadeo de las estrellas del firmamento.

Se llevo una mano a la frente haciendo el clasico saludo militar de despedida: "Buena suerte, mi yo adolescente. Aqui termina mi viaje, pero tambien aqui comienza el tuyo. Te esperan muchas batallas dificiles y dolorosas que afrontar y un mundo entero que salvar."


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