Capítulo 02: Dorian, más allá del final del viaje.
Dorian tarareaba una canción mientras lanzaba un objeto brillante al aire.
El viento a siete mil metros de altura no era un problema para él, sus fórmulas de protección convierten cualquier brisa helada en una suave caricia primaveral. Estaba recostado sobre el lomo de una nube cúmulo, una masa blanca que bajo los efectos de un hechizo que había fabricado, está lograba que las nubes se sintieran como algodón suave y esfumado, pero no traspasable. De hecho eran tan firmes como un colchón de plumas.
Subir. Girar. Caer. Subir. Girar. Caer.
Dorian en un movimiento casi mecánico de su mano, lanzaba al aire rítmicamente un smartphone de última generación. Lo había comprado hace poco tiempo, pero realmente ya no le interesaba mucho. De hecho, últimamente tras casi 200 años de estar viendo el constante avance tecnológico, ahora se sentía desinhibido con ello. Había visto cómo este pequeño smartphone evolucionó desde un ladrillo hasta su minimalismo actual.
Mientras el aparato subía un par de metros, giraba sobre su propio eje mostrando el logo de la manzana mordida, y volvía a caer pesadamente en su palma, Dorian sintió que no tenía nada entretenido que hacer.
Su mayor anhelo hasta este momento había sido ver el momento en que su vida cambió para siempre.
Ver el momento donde fue invocado.
De alguna forma, todos estos años no había hecho otra cosa más que pensar en ello.
Y ahora que finalmente había presenciado aquel momento irrepetible, comenzó a sentir una especie de vacío en su interior. Como si un gran peso en su alma, que hasta ahora le había dado una dirección, se hubiera desvanecido. Dejando un enorme hueco sin llenar.
¿Qué podía hacer ahora?
Había llegado al final de su vida.
Al inicio su mayor objetivo fue ganar la gran guerra. La gano. Luego fue encontrar la forma de regresar a su hogar. Lo hizo. Ahora fue presenciar el momento más crucial de su vida que fue el momento en donde fue arrebatado de su mundo. Y también lo hizo. Aunque bueno, otro momento especial también era ver su propio nacimiento, también lo hizo, aunque desde fuera del hospital. Ver a su madre sufrir y gritar en el parto, realmente le hizo valorar la increíble tenacidad femenina para dar a luz.
Pero volviendo al asunto, ahora estaba nuevamente en el precipicio del vacío existencial.
Dorian volvió a agarrar el smartphone último modelo que cayó en su palma.
No le interesaban las notificaciones de redes sociales, ni las noticias sobre crisis económica, ni los mensajes de personas que, en su perspectiva, parpadeaban y desaparecen antes de que él pudiera aprenderse siquiera sus nombres.
Volvió a lanzar el smartphone, esta vez con más fuerza.
El aparato voló por el aire, subió decenas de metros hasta casi desaparecer en un pequeño punto. Luego comenzó a caer. Dorian suspirando aburrido, extendió su mano mientras cerró los ojos. Esperaba que el aparato cayera nuevamente en su palma, pero esto no ocurrió.
El smartphone pasó de largo.
El cálculo falló. O quizás simplemente, su mano decidió no cerrarse.
Realmente no le importaba.
El smartphone golpeó el borde de la nube y resbaló. Dorian se limitó a girar la mirada con pereza mientras observó como el dispositivo se precipitó al vacío. Por un segundo, la pantalla se encendió en el aire mostrando que eran las –00:23 AM– antes de convertirse en un pequeño punto de luz insignificante que se hundía en el mar de neones y tráfico de la metrópoli que nunca dormía allá abajo.
"Adiós" murmuró, su voz parecía perderse en el viento.
No sintió la pérdida. De hecho, si hubiera querido podría haber capturado el aparato en el aire. O también podría comprarse miles de nuevos smartphones del mismo modelo. El dinero en esta etapa de su vida había perdido total significado. Para alguien que había visto imperios colapsar, y había vivido tres guerras mundiales, un trozo de silicio y cristal era menos que una mota de polvo.
Se quedó allí, mirando al espacio vacío donde antes estaba su mano.
"Okay" suspiro, entrelazando los dedos detrás de su nuca. "¿Y ahora qué?"
Esa era la única y verdadera pregunta.
Ya había cumplido todas sus metas. Había cerrado el círculo.
¿Qué sigue después de la satisfacción de la curiosidad? ¿Vagar otros cientos de años hasta encontrar algo nuevo que hacer? Podía quedarse a ver cómo la humanidad llegaba a Marte dentro de unos cientos de años, o quizás también presenciar la próxima gran guerra y verlos regresar a la época de piedras y palos. También estaba la opción de ver el desarrollo de la inteligencia artificial.
Pero todo ello se sentía tan… repetitivo y aburrido.
El ciclo de la humanidad era predecible; construir, destruir, llorar, olvidar y volver a construir. Dorian estiró las piernas y miró hacia el firmamento, donde las estrellas no estaban ocultas por la contaminación. Eran las mismas estrellas que había visto en el otro mundo, solo que ordenadas de formas muy distintas.
"Este mundo ya me dio todo lo que tenía para ofrecerme." concluyó con una sonrisa casi melancólica, "mi relación con este mundo ha terminado. Fue el lugar donde nací, donde fui criado y donde todo termina. Ahora…" Dorian se llevó una mano a la barbilla sin afeitar, reflexionando y recordando a su versión joven que fue absorbida por la invocación. "Quizás sea hora de ver qué hicieron con mi jardín mientras no estaba. Después de todo, han pasado ya casi siete siglos desde que accedí a aislarme para no perturbar la paz que se logró tras la guerra. Debería ser hora de regresar, ¿no?"
Dorian se puso de pie.
La nube de algodón crujió bajo sus botas, que aún conservan el estilo de la moda urbana del siglo pasado. Se sacudió las migas de un croissant que se había comido hace tres horas en una cafetería y cerró los ojos, concentrando el maná de su cuerpo.
Como un antiguo gran archimago inmortal, no necesitaba círculos mágicos de tiza, ni sacrificios o cánticos pretenciosos. Eso era para los principiantes que aún no controlaban las leyes de la magia espacial.
Dorian extendió su mano, reuniendo el maná en las puntas de sus dedos.
"Siete siglos eh…" susurró, incluso para él era un largo tiempo. "Espero que no lo hayan quemado todo."
Frente a él, el aire comenzó a vibrar. Cuando Dorian alzó su mano y la bajó de bruces, como si rasgara la realidad misma, una explosion de luz se partió en el aire y luego, una grieta comenzó a abrirse como si la misma realidad fuese un mero papel tapiz invisible. Del otro lado de la grieta, no se veia el vacio negro que se podria esperar, sino un cielo de un color violeta electrico, cargado de un estatica que Dorian no habia sentido en centos de años.
Era la esencia del maná puro.
Algo inexistente en este mundo.
Dorian echó un último vistazo a la metrópolis de abajo. Las luces de la enorme urbe seguían parpadeando, ajenos a la enorme grieta de la realidad que se había abierto en el cielo. Quizás algunos detectores avanzados ahora podrían estar volviéndose locos, o quizás no. Dorian no podía saberlo.
Dorian dio un paso dentro de la grieta con una expresión sonriente en sus labios, emocionado por ver que tanto había cambiado el mundo en su ausencia. Al cruzar, la sensación de presión en sus oídos fue brutal, como sumergirse en un océano profundo. El maná presionaba su cuerpo. Los relámpagos resonaban en sus oídos como el grito de gigantes.
Y tras dar otro paso, el maná se calmó y los tronadores relámpagos fueron reemplazados por un rugido ensordecedor. El grito de una bestia alada que surcaba el cielo. Dorian al no tener la nube modificada debajo para pisar, comenzó a descender a gran velocidad desde una gran altura.
En su descenso casi caótico, logró ver en la distancia una enorme sombra alada que se alejaba entre las nubes.
"Un dragón antiguo," murmuró, su voz cortada por el viento que mecía violentamente su cabello.
Al acercarse al suelo, Dorian movió su maná interno y activó un hechizo de flotación. De golpe, su cuerpo redujo la velocidad de caída y aterrizó suavemente sobre un suelo cubierto de musgo azulado. Se llevó la mano a la barbilla y sonrió a gusto. El aire aquí al contrario del mundo moderno el cual, cada año su aire era más venenoso y contaminado, aquí era espeso y vibrante debido a la alta densidad en partículas de maná.
***
"Realmente las cosas han cambiado bastante, es sorprendente cómo incluso en un pedazo de roca proveniente del mundo demoníaco pueden surgir estos cambios", murmuró Dorian, algo sorprendido con la escena que tenía por delante.
Era un mar de hermosas flores azules.
Flores que Dorian no recordaba haber visto nunca.
El lugar donde había caído era familiar, pero a la vez extraño. Una pequeña isla de no más de pocos acres de superficie. Dorian la reconoció como el lugar donde se refugió por tres siglos, aunque lucía muy diferente a como lo recordaba.
La diferencia más clara y visible era… ¿Flores azules? Dorian se agachó, observando con interés a la extraña forma de vida orgánica. Son simples plantas coloridas, pero su peculiaridad no recaía sobre ellas mismas, sino sobre el porqué estaban allí. La isla era un gran trozo de roca volcánica negra y vítrea, similar a la obsidiana, pero con vetas de un rojo apagado que desde lejos parecen venas petrificadas. Durante años, este gran trozo de tierra estuvo desprendiendo miasma demoníaco.
Y no era de esperar, ya que durante el punto cúspide de la Gran Guerra, la barrera dimensional que separaba al mundo actual del mundo demoníaco estuvo al borde de la colisión inminente. Grandes grietas en la realidad se abrieron, y desde ellas grandes trozos de corteza terrestre pertenecientes al continente demoníaco cayeron al mundo.
Esta isla fue uno de esos trozos que Dorian descubrio.
La bautizó como isla Skor.
Construyo un gran agujero en lo profundo de esta roca y lo utilizo como guarida y laboratorio por varios siglos. Incluso erigió una enorme barrera de invisibilidad para que nadie jamás lo encontrara. La ahondada energía demoníaca que emitía la roca hacía inviable la promulgación de cualquier clase de vida.
Es por ello que Dorian se mostró sorprendido al regresar y toparse con un mar de preciosas flores cubriendo la isla. La energía demoníaca ya no estaba presente; se terminó de disolver hace mucho tiempo.
Pero esa no era la única diferencia; Dorian se acercó al borde de la isla y observó enormes embarcaciones destruidas y corroídas por el tiempo encalladas. Todos eran barcos, de diferentes épocas. Algunos veleros, otros simples canoas, pero no importaba cuán diferentes eran; todos lucían destruidos, rotos y abandonados hace mucho tiempo. Como si la propia marea los hubiera arrastrado desde el fondo marítimo a la orilla de su isla.
Continuó caminando por la isla, siguiendo leves rastros olvidados de aparente actividad humana. En el tiempo que estuvo encerrado y que abandonó el mundo, parece que su isla recibió visitantes desconocidos. Pisó las plantas mientras subía una pendiente hacia la cima de la enorme roca. Al subir, observo unas pequeñas ruinas. Algunos murales antiguos levantados con madera, hierro e incluso conchas marinas. Estas se alzaban para aparentar una figura humana. Y a sus pies, devorados casi en su totalidad por la corrosión del tiempo y de las propias plantas azules, había unos pares de huesos.
Dorian se agachó y pudo reconocerlos; eran enanos.
Un grupo de enanos había llegado a su isla y muerto en ella.
¿Para qué?
Dorian no entendia.
Observo la escultura artesanal y ruinosa en forma humana, y luego los huesos. Metió su mano entre las plantas, escarbando entre las raíces adheridas a la superficie de la corteza, y sacó un viejo bloc ruinoso y deteriorado. Intento leerlo, pero apenas podía diferenciar las letras pertenecientes a la raza enana. La corrosión del tiempo había borrado casi la totalidad de la escritura; solo podía diferenciar pocas palabras del texto.
Héroe. Divinidad. Religión.
Era un libro religioso.
Raza enana de los Gooblych.
Cementerio del demiurgo Dorian, el grande.
¿Vinieron buscándome?
Se sorprendió Dorian.
Incluso luego de desaparecer por varios siglos, todavía había personas buscando su paradero. Eso sí era una sorpresa. A este punto, Dorian creía que su existencia probablemente se habría perdido en el anal del tiempo, simplemente olvidado o convertido en mito o leyenda.
Pero aparentemente, unos pocos siglos antes, todavía había personas buscándole. Dorian giró su mirada para ver los enormes barcos encallados y abandonados como lapitas en el mar, y supuso que pudo pertenecer a estos enanos. Aunque no todos, ya que los barcos eran muy variados, se notaba que algunos llegaron en diferentes épocas. Pero por lo visto, ninguno pudo regresar.
Su isla, en el tiempo que no estuvo prestando atención, se convirtió en un cementerio en el mar.
Dorian dejó escapar un suspiro y caminó hacia una gran roca encorvada; con un movimiento de sus manos, el maná fluyó y varias runas se activaron. La corteza comenzó a dispersarse en polvo, y en su interior se reveló una escalera que se dirigía hacia abajo.
Dorian descendió las escaleras hacia su refugio.
Su refugio no había cambiado tanto de como lo dejó, excepto por una gran capa de polvo que cubría el lugar. Abrió un baúl antiguo, buscando ropa nueva, pero para su sorpresa, cuando tomó sus viejas túnicas, estas se desintegraron con la fragilidad de un papel quemado. Revisó otros baúles con ropa, y todos estaban en el mismo estado. Completamente inservibles. Se movió hacia el interior del refugio, bajando varios niveles más, y llegó a su laboratorio. Varios de los objetos mágicos, como plantas extrañas o artículos mágicos creados por él mismo, estaban en el mismo estado que la ropa de arriba. Inservibles. Lo único salvable parecía ser algunas posiciones en frascos que tampoco es que fueran inmunes al paso del tiempo, ya que su efectividad se había reducido a menos de la mitad.
Luego, Dorian avanzó a la parte más profunda de su laboratorio, y allí encontró un cristal negro que parecía absorber toda luz visible. Hace siglos, este cristal perteneció a un demonio. Específicamente, era el núcleo mágico de un poderoso demonio que asesinó.
Lo uso como fuente de energía para la barrera que rodea la isla, pero su energía parece haberse agotado hace mucho tiempo también. Aquel núcleo que parecía enturbiar el aire mismo debido a la inmensa energía demoníaca contenida en su interior, y que de soltarlo al mundo podría haber generado caos, ahora estaba vacío como una cascada.
Dorian entendió por qué esos enanos lograron llegar a la isla. La barrera que puso se había desvanecido hace mucho tiempo. Recogió el núcleo demoníaco entre sus dedos; era ligero. El núcleo, que antes pesó varios kilogramos por sí solo, ahora se sentía ligero y frágil; con un mínimo de presión entre sus dedos, se escuchó un crack; el núcleo mostró grietas.
Sacudió la cabeza y decidió guardar el núcleo.
También guardo las pociones.
No las necesitaba para su estado actual de inmortalidad, pero otros sí podrían necesitarlas.
Finalizado su asunto, volvió a salir de su refugio. Con un apretón de su mano, la magia se activó y, con una presión, todo el refugio se vino abajo levantando una marea de polvillo. Todo quedó sepultado.
"Okay, creo que ya estoy listo."
Sonrió Dorian.
Observo los barcos abandonados y rotos, y fijo su mirada en una pequeña canoa totalmente destruida, corroida por el mar y sus partes al borde del desprendimiento.
Dorian podría volar o teletransportarse, ¿pero para que hacerló?
Si algo le sobraba a Dorian era el tiempo.
Con un hechizo de reparación y restauración, la canoa empezó a reconstruirse, reescribiéndose la madera corrida a su estado original, sus partes sellándose solas y restaurándose. En pocos segundos, la canoa flotó sobre el agua, meciéndose con la corriente.
Dorian, con un suave brinco, saltó sobre ella, sacudiendo el bote.
Luego se recostó cómodamente y agitó su manga para que una brisa lo suficientemente fuerte empujara el bote al mar abierto.
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